Sep
30
Apuntes desde Miami
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El sábado por la noche llegamos al aeropuerto de Miami y, como siempre, nos recibió un golpe de calor y humedad tropical de los que cuesta reponerse.
Pero más duro fue reponerse del impacto que nos causó el hotel (Catalina): como era sábado noche, y el hotel se ha posesionado como “In”, con sus restaurantes atrevidos, decoración de diseño, y DJ residente, allí había una verdadera jauría de gente joven, con ganas de marcha, vestidos para la ocasión, y movidos por una música techno-retro (típica mezcla DJ comodón), que ciertamente intimidaba.
Tan cansados estábamos, y más tras subir las maletas (eso sí, con ayuda del gorila de la puerta) por las escaleras al tercer piso, pues el ascensor no funcionaba, que decidimos ir directos a dormir; cosa que conseguimos pese a la música que se podía escuchar perfectamente, hasta las 3:00h.
Al día siguiente, como era domingo, lo tuvimos libre, así que aprovechamos y paseamos por Lincoln Road. Comimos en una especie de diner (Nexxt), con una carta extensísima, y unos platos inacabables, con sus correspondientes vasos que parecían pozales. Lo más interesante, con mucho, del paseo, fue el South Florida Art Center, en el que tomamos nota de varias ideas para futuros proyectos relacionados con el arte. También Britto Central, la galería de Romero Britto. No es mi estilo, pero es ciertamente muy “Miami”.

Nos habíamos tomado un té en Van Dyke café, y nos hubiese gustado ir al concierto que daban (prácticamente todos los días) en el piso de arriba, pero teníamos una reunión, así que…
Tras coordinar las reuniones de trabajo del lunes en la terraza del hotel, nos fuimos a dar un paseo por Ocean Drive: esa muestra descarada de superficialidad y materialismo de la cual hace tanta gala EEUU, y que se hace chabacanamente ostensible en este paseo frente a la playa.

Terminamos cenando en el último sitio que me hubiese imaginado: el restaurante italiano del hotel Ocean, un sitio ostensiblemente orientado a los turistas. Y nos decidimos a cenar allí porque tocaba en directo una banda de blues con un sonido increíblemente claro y equilibrado (y más teniendo en cuenta que tocaban al aire libre y con medios más que limitados). Lo hacían genial, y disfrutamos muchísimo. Para colmo, la comida estaba excelente y el camarero era muy simpático. Todo un acierto en el lugar más inesperado. Para acabar (y huir de los que llevaban enormes serpientes al cuello para que los turistas se hiciesen fotos, de los travestis, de los deportivos ruidosos, de los clubs de moda, etc.) nos tomamos un te en News, y nos retiramos.

El lunes desayunamos en lo que creo que es mi panadería favorita en el mundo: Paul, en Lincoln Road. Sus pasteles, panes, crepes, etc. son exquisitos, y no tienen nada que envidiar a la mejor bagetterie de Paris.
Tras una teleconferencia con unos clientes Mexicanos, recogimos el coche de alquiler (con unos precios tan económicos da gusto alquilar un coche) y nos fuimos a la primera reunión del día en Biscayne Boulevard, donde nos invitaron a comer en horario yankee (antes del mediodía) con lo que no teníamos nada de hambre. Por la tarde nos dirigimos a Miramar, donde tuvimos una reunión interesante.
Antes de regresar a South Beach, decidimos pasar por el Museo de Arte Contemporáneo de Miami, pero estaba cerrado al ser lunes. Así que nos fuimos a un restaurante que nos habían recomendado en el Distrito del Diseño… pero también estaba cerrado. Así que nos fuimos a un sitio seguro, el que posiblemente sea el mejor restaurante de Miami: el Palme D’Or en el precioso hotel Biltmore (años 30)… sólo para encontrarnos que ¡también cierra los lunes!

Total que terminamos cenando en otro sitio que en principio no parecía que iba a resultar interesante, y luego lo fue y mucho: Meat Market en Lincoln Road. Una carne excelente (la mía de Kobe), y luego un gigantesco helado en Ghirardelli’s cerró el día de forma brillante.
Hoy por la mañana hemos madrugado, y nos hemos tenido que conformar con un desayuno en Jerry’s Famous Deli, en Collins Avenue, que abre las 24 horas. Nada especial. Luego hemos conducido hasta Boca Ratón, a una breve reunión que no promete precisamente (aunque nunca se sabe). Como hemos terminado un poco pronto, antes de dirigirnos a la comida de negocios que teníamos programada, nos hemos dado una vuelta por Coconut Walk, en Coconut Groove.
La comida de negocios ha sido interesante, y aunque el restaurante era el último que yo hubiese escogido (no por nada, pues sus platos estaban perfectamente preparados, pero ir a un Asturiano en Miami, no es lo que yo hubiese elegido), hemos comido muy bien, y los negocios parecen prometedores.
Luego directos al aeropuerto, sin colas de tráfico, con check-in rápido, sin nadie en la cola de seguridad… el refranero dirá lo que quiera, pero parece que martes es un buen día para embarcarse.
Y ya de regreso a casa, jet-lag y reajuste de chip.
Sep
25
Apuntes desde Chicago 2
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Tras una reunión por la mañana (preciosas vistas desde la oficina, por cierto), directos al Museo del Instituto de Arte de Chicago. La exposición temporal de pantallas japonesas “Más allá de las nubes doradas” es realmente preciosa.

Comemos en el lounge del Rhapsody (cierran cocina a uno horario muy anglosajón, poco compatible con la intensidad del turista latino), aunque lo suyo sería la cena previa al concierto de la filarmónica. Luego un buen té en una tetería cercana (ArgoTea), y de paseo por el centro. Como las maletas las tenemos que están a punto de desmoronarse (y no me extraña, con este matute y el mal trato que les dan las compañías aéreas), decidimos comprar nuevas en TJ Maxx o Filene’s Basement. Terminamos pasando en el Loop más tiempo de lo que habíamos previsto, así que nos volvemos a la zona de la Avenida Michigan a cenar en el discreto pero delicioso Tamarind.
Mañana, tras desayunar en Au Bon Pain, visita rápida al Museo de Fotografía Contemporánea, y al aeropuerto. Destino: Miami.
Sep
23
Apuntes desde Chicago 1
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Con los transportes, las colas, y la “seguridad” aeroportuaria, uno pierde el día cada vez que ha de tomar un avión.

Llegamos a Chicago, hacemos check in en el hotel, y a cenar directamente. Menos mal que elijo uno que está cerquita: Oysy.
Hace fresquito en la calle, aunque se está mucho mejor que en otras ocasiones en las que he estado aquí (sobretodo en invierno, cuando el permanente viento parece que te quiera arrancar la piel a tiras). Pero dentro del hotel la temperatura es igual que en el frigorífico de mi casa. Malditos yankees con su manía de los extremos (el té lo sirven tan ardiente que ponen advertencias en las tazas).
Al día siguiente, tras una interesantísima reunión de trabajo en el centro, conduzco hasta Arlinton Heights, reunión, devuelvo el coche de alquiler, y otra reunión en el centro, esta vez para variar no con un hospital o distribuidor de equipamiento médico, sino con un fondo de inversiones. Cenamos en China Grill con la intención de ir luego al concierto en Blue Chicago, pero se nos hace tarde y decidimos dejarlo para mañana.
Sep
23
Apuntes desde Nueva York 2
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El lunes fue un día fuerte de trabajo. Dos reuniones en Manhattan y otra en Connecticut hicieron que hasta bien entrada la tarde no pudiese disfrutar de la ciudad.
Un breve paseo por Canal Street (no compré nada, pero comprobé que sigue igual de bullicioso que siempre) para ver los límites de China Town y lo que queda de Little Italy, y por NoLiTa a cenar al Meat Packing District. Lo intentamos en Buddakhan, pero estaba imposible, y el ambiente en Pastís estaba tan ruidoso que no se podía hablar ni chillando, así que nos quedamos en la terraza del Spice Market.
El martes otra reunión temprana en Connecticut hizo que tuviese que pasar a recoger a mi compañero de trabajo por su casa en el Upper West Side a las 6 de la mañana. Por lo menos esta vez no terminamos tarde, y pudimos disfrutar un poco más de la ciudad.
Paseo por la 5a Avenida hasta Central Park, y metro hasta Spring para comer de maravilla pero tardecito en Balthazar. Es igualito que uno de mis bistros favoritos en París, junto a la Ópera.
Luego paseo por SoHo para encontrarnos con lo que ha sido la sorpresa agradable del viaje: el Green Label Art. Se trata de una maravillosa iniciativa (va por la 3a edición), esponsorizada por una marca de refrescos (como me gustó tanto la iniciativa, los menciono: Montain Dew) mediante la cual organizan una exposición colectiva en un local que normalmente es exposición para mayoristas de monopatines, de 6 artistas emergentes (aunque algunos con trabajos muy reconocidos, para Nike, Metallica, etc). La recaudación de las ventas de las obras va a parar a una fundación que ayuda a artistas emergentes pobres. Además crean etiquetas especiales para dicha marca de bebidas, que saca una edición limitada (y muy cotizada online) de dichas botellas, junto con otras obras. Al final, tras charlar un rato con unos de los agradabilísimos responsables, terminamos con una colección entera de las botellas, y quedamos en seguir en contacto (lástima que no podamos asistir a la fiesta que dan el jueves, con un gran DJ).

También visitamos otras galerías, como Animazing.
Por la tarde otra reunión en el Upper East Side, así que luego estuvimos cómo hacían las pruebas de sonido un grupo que por la noche actuaba en Central Park. Y para rematar el día, cena en Market Table.
Hoy por la mañana la idea era visitar en Metropolitan Museum of Art… pero resulta que Obama y sus amigos (como un impresentable Presidente que lleva a sus hijas, las saca en la foto oficial, y luego pide que no se publique esa foto a su amable y poderorísimo anfitrión sin comprender que en internet las cosas no se pueden parar… aquí va la foto) han cerrado el museo para una visita privada, y sin previo aviso. Y a los demás que nos den. “Seguridad Nacional”, y una mierda. Eso es derecho de pernada, como siempre lo ha sido. Así que en vez de eso, aprovecho para una rápida gestión en Broadway, y al aeropuerto, destino Chicago.
Esto ha sido muy breve y mucho trabajo. A ver si volvemos pronto, a disfrutarlo un poco más.
Sep
20
Apuntes desde Nueva York 1
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De nuevo en Nueva York.

La primera sensación que uno tiene al llegar a JFK, y una vez pasadas las nuevas y más rápidas colas de inmigración, es el caos. Desorden en la zona de recogida de maletas, de autobuses y taxis, de tráfico. Definitivamente, voy a tener que dejar de pensar en Tokio durante unos días o NY me va a caer mal.
Tras la odisea de la recogida en el aeropuerto, check-in en el hotel, y a pasear (si me tumbo, no me levanto hasta mañana).
La zona de Union Square tiene encanto, y aunque no entramos en Max Brenner, tomamos un té en Cosí y directos a Forbidden Planet para ojear comics y merchandising, y luego a The Strand, mi librería favorita. Podríamos haber pasado el resto del día allí, pero decidimos dar un paseo por Broadway (por cierto, ¿qué hacía un contenedor de Hidrógeno en medio de la calle?).

Terminamos en Times Square para cenar en The View, el restaurante del piso 48 en el hotel Marriott Marquis. Buffett correcto, excelentes postres, y unas vistas inmejorables desde un restaurante rotatorio.
Sep
17
Apuntes desde Tokio 4
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Hoy, de nuevo, todo el día de reuniones.

Por la noche nos ha dado tiempo para despedirnos de Tokio como es debido: primero un paseo por el ruidoso, ajetreado, luminoso, y sórdido (pero a la vez con una completa sensación de seguridad) Kabukicho en Shinjuku, y luego cena de excelente sukiyaki (ternera, verduras y noodles cocinados en tu mesa con azúcar y salsa de soja) y shabu-shabu (ternera cortada muy fina y verduras hervidas en tu propia mesa, con dos salsas características) en Ibuki (lo que nos ha costado encontrarlo merece un post aparte, pues en esta ciudad las calles no tienen placa, y las direcciones no tienen lógica).

Por último, té y tarta en el encantador Café Bon. Y un transbordo de líneas de metro de más de medio kilómetro, cogiendo por los pelos el último metro de la noche, y viendo ejecutivos borrachos y durmiendo en el suelo en la estación, mientras muchos otros ven la tele en el móvil.

Como siempre hay que dejarse algo para la próxima vez, me apunto: el jardín japonés y la casa de té con ceremonia tradicional de Hamarikyu en Shiodome, la isla artificial de Odaiba, las tiendas de ropa usada y discos de segunda mano de Koenji, o el bus fluvial que va de Asakusa a Takeshiba por el río Sumida.
Ahora a dormir un rato, levantarse a las 5, desayuno a las 6 y a toda pastilla al aeropuerto (donde como siempre intentaré comprar un snapwatch).
Sayonara Tokyo. O mejor dicho, Dewa mata atode.

Sep
17
Apuntes desde Tokio 3
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El miércoles fue un día de locos. Reuniones todo el día.

Por suerte, hubo un rato para pasear. Así que nos fuimos a Akihabara.
Aquello ya no es la meca de la electrónica (pues esta se ha extendido a todas partes), pero sigue siendo espectacular y ruidoso.
Luego nos fuimos otra vez a Shibuya. Cada vez que paseamos por allí, descubrimos miles de cosas nuevas, como la tienda de sombreros Bossio. Para cenar entramos en un encantador sitio llamado Tsuki No Shizuku. Ambiente japonés, cuidado pero desenfadado, y excelente comida japonesa. Además tenían un sistema que hace ya mucho tiempo que pienso que deberían haber adoptado los restaurantes de todo el mundo: un botón en la mesa, conectado con el centro de control de los camareros, y así si quieres algo aprietas el botón y vienen. Se acabó el buscar al camarero, llamarlo, que no venga…
Jueves último día, pues el viernes toca avión a primera hora. A ver si da tiempo a encontrar relojes de TokyoFlash.
Sep
17
Apuntes desde Tokio 2
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El martes por la mañana, antes de mi primera reunión de negocios del día, fuimos a ver una representación de Kabuki en el Kabuki-za.


Luego, de camino a la reunión paramos en el templo Sengakuji, donde están las tumbas de los 47 ronin (quienes en 1702, vengaron la muerte de su señor – que fue condenado a realizarse sepukku por una confrontación con un oficial de la corte – cortando la cabeza de ese oficial y llevándola al templo, donde luego se suicidaron y fueron enterrados). Lealtad y venganza: mis respetos.

La reunión era en una conocida multinacional japonesa, con uno de sus principales ejecutivos. Así que, dado el nivel de la reunión, lo parafernaliosos que son, y lo importante que es para ellos la puntualidad, salí con tiempo hacia allí. Yendo en metro… ¿qué podía salir mal? Pues bien, esto ocurrió: el metro, generalmente fácil de seguir, era de los que se convierten en tren de cercanías en una estación de conexión. Como no lo sabía y no me fijé, justo antes de llegar a mi estación de destino, el tren se desvió y siguió media hora sin parar (porque además era el express). Así que en cuanto paró me bajé, cogí el siguiente en sentido contrario… con tan mala suerte que paró en cada estación del trayecto (casi una hora).
Al final llegué a tiempo, pero corriendo por la calle. Y claro, al llegar sofocado y sudando, no estaba en condiciones de reunirme. Así que me paré en frente de un colegio, a la puerta de la multinacional, y me quedé, respirando y relajándome, viendo a los niños japoneses jugar. Era como ver escenas de Doraemon o Shin-chan. Al final estaba tan entretenido que casi se me hace tarde.
La reunión fue bien. Pero eso son negocios, y de eso no suelo hablar aquí, así que…

Por la tarde fuimos a Ginza, y cenamos en un curiosísimo sitio en Shibuya, perteneciente a la cadena Sanko. En las estrechitas mesas ponen una pequeña parrilla de piedra, y sacan las raciones crudas de lo que pidas (desde potro a corazón de cerdo). Un ambiente festivo y ruidoso hizo que la velada fuese particularmente entretenida.
Si te vas fijando ves multitud de cosas que te van llamando la atención. Y el metro es un excelente escaparate para ello. Por ejemplo ha visto, desde mi última visita aquí, que la gente emplea menos la PSP, poco la DS, y MUCHO el móvil (banda ancha, pantallas giratorias panorámicas de alta definición con TV…). También he visto a muchos hombres, principalmente ejecutivos, llevando bolsos de mujer. No bolsos de portátil que podrían parecer femeninos. No, directamente bolsos de mujer.

Esta entrada de Weird Things About Japan me debía haber preparado. pero nada te puede preparar para lo que te espera en Japón. Como los posters de cómo comportarse en el metro, donde por cierto se pueden ver algunas de las acciones publicitarias más imaginativas del mundo, a los carteles de cómo lavarse las manos (en ¡8 pasos!).

Lo que está claro es que Tokio es una cuidad tremendamente dinámica y abierta. La gente es gentil y cortés, pero y se respira apertura y libertad. Cada cual lleva lo que quiere (kimono, punk, goth, lolita…) y nadie siquiera mira o comenta nada. [PD.- Como contraste lo primero que me dijo el primer ser querido que me vio al volver: "Qué ropa más rara llevas ¿no?" Juzgad y seréis juzgados]
Además, su respeto por el otro, el espacio interpersonal, la interacción, el orden y la lógica (como por ejemplo el establecer un perímetro alrededor de la cinta de maletas en el aeropuerto), y la sutileza del servicio llevado al último detalle (como este cuadradito aterciopelado en la puerta del hotel, para que lo toques y descargar así cualquier carga de electricidad estática que hayas podido acumular por la moqueta)…

Sep
15
Apuntes desde Tokyo 1
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Llevo en Tokio desde el sábado 12, y a parte de trabajar, me lo estoy pasando bomba. La pena es que por unos días no coincida con el Tokyo Game Show. Lo curioso es que esta semana hay consejo de una empresa en EEUU de la que soy consejero, y me lo pierdo por estar aquí… y la semana que viene viajo precisamente a EEUU.
El mismo sábado, tras una siesta en el hotel para combatir el jet-lag, fuimos al altar de Shiba Dai Jingu para ver el festival, pero ya había acabado. Así que nos dirigimos al centro para cenar… pero se puso a llover con tal intensidad (violencia, diría yo) que terminamos cenando soba en el primer restaurante que pudimos entrar… y fue un excelente acierto.
Por lo general, y más al gustarnos la comida japonesa, está resultando un viaje gastronómicamente delicioso.
Al día siguiente, recorriendo los pasos de mi última visita, para ir a lo seguro como primer día, empezamos por ir a Madarake (catedral del otaku), y paseando por la calle Takeshita. Parada en Daiso, y al parque Yoyogi comiendo por el camino unas bolitas de pulpo de un puesto callejero. Esta vez no había grupos tocando (la mayoría ya habían recogido), pero sí bailando rock-and-roll, con sus tupés, coreografías… un espectáculo, que es de lo que se trata.
Por cierto, lo que triunfan no sólo son las motos custom, sino los scooters estilo manga (¿alguien sabe si se pueden conseguir en España? yo quiero uno): 

Por la tarde paseo por Omote Sando, con parada obligatoria en MoMa Design Store (me encantan los Munin), visita completa a Kiddy Land, y cena en la calle con delicias compradas en el Tokyu Food Show. Mención a parte merece el lujo, cuidado y diseño con que envuelven el alimento más simple, especialmente sus deliciosos dulces (tan poco conocidos en occidente).

Ayer lunes, tras una larga reunión de negocios con el director de Philips Japón, pudimos visitar el templo Sensoji en Asakusa, con sus miles de tiendecitas, y sus restaurantitos típicos. Comimos noodles en un sitio pequeñito y encantador, y nos hubiese gustado mucho tomar el té en una tetería tradicional muy recoleta, pero acababan de cerrar.


Luego nos fuimos a Shibuya.

Esta zona es el centro de la vida nocturna del Tokyo joven. De hecho entramos en un concierto de 4 bonjour’s parties (crean una atmósfera genial),
Ken Kobayashi (etoo… está realmente verde pero le acompañaban unos músicos con mucha fuerza)
, y Samishi Cowboys (el bajo toca para Blue Men Group, y el guitarrista escocés es todo un espectáculo… pero lo del cantante sex-symbol y su “ramalazo” era verdaderamente fuerte)
, en el curiosamente llamado Chelsea Hotel (que no es un hotel).
Mañana más.
Sep
10
Cuando PARECE que los medios conservadores llaman a la revolución…
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Cualquiera que lo lea y no piense un poco se quedaría asombrado.
Daniel Henninger ha escrito el pasado día 3 (perdón por el retraso, pero llevo una semana de trabajo de locos, supongo que se nota en la escasez de posts) un editorial para el Wall Street Journal titulado “The Lumpen Bureaucratariat” que no tiene desperdicio.
Relata el hartazgo del electorado global con los burócratas, la deuda, y el estancamiento de la clase política.
Como “retrato” de la situación no está nada mal. Incluso podría pensarse que es un soplo de aire fresco en un medio conservador. Podría parecer que los mismos engranajes del poder están chirriando y pidiendo un cambio. Pero no es así.
Desde siempre ha habido luchas internas en el poder. Es un tira y afloja para conseguir un poco más. Los conservadores (medios como el WSJ, bancos, etc) siempre han renegado de la burocracia, la regulación, los políticos…. pero miren a dónde nos ha llevado su postura de “todo vale por la pasta”. Es el peligro de confundir el anarco-capitalismo con el anarquismo coperacionista (aunque erróneamente se enmarcase dentro del capitalismo).
¿Quiere decir eso que necesitamos más gobierno, más regulación, más control? ¡En absoluto!
A eso se ha tirado ciegamente la gente de medio mundo. Ya sea hacia la “izquierda” o la “derecha”, buscan un “salvador” (Obama, ultras, o lo que sea).
¡Despierten de una vez! No necesitan que les “salve” nadie. Necesitan informarse, pensar, y ACTUAR.