Si el mundo acaba hoy, te regalo mi banda sonora de despedida.
Si no lo hace, mañana será la banda sonora de una cascada, mi regalo de nuevo comienzo.
En cualquier caso, la primera composición que comparto con el mundo (“Waterfall in the winter” “Cascada en invierno”). Surge de mi corazón abierto (a veces hay que romper un corazón para que se abra). Disfruta. Paz. Amor. Felicidad.
El rojo tiñe cielo y mar, como lo llaman ellos, mientras el sol se pone sobre el Río de la Plata. La rambla se llena de montevideanos con sus mates. Sonríen ajenos, o pese, al drama de la vida.
Ese rojo intenso irrumpe, invade, tiñe y cubre cual telón. Lo he de compartir contigo. Es efímero, y sé que pasará, pero ahora parece que nada pueda escapar a su derrame, que arrastra mi atención, mi sensibilidad, mi dolor, mi vida.
Más allá de la anecdótica multitud de post/pre hispters, la exposición en sí misma es una triste celebración de ruido. Lo que, en sí mismo, es un punto de partida tan válido, o no válido, como cualquier otro en el inacabable debate sobre el arte (y más si nos referimos a contemporáneo, electrónico, net, etc).
Pero es su intento de legitimización, con proyecto de investigación, curador, catálogo, y gira internacional, lo que lleva el debate a otro nivel completamente distinto. De nuevo atragantándome con la Teoría Institucional del Arte. De nuevo cayendo en la trampa de la papilla en cuchara.
De nuevo bajo la falsa impresión de que el arte, tiempo, espacio, y similares son recursos limitados. ¡No lo son! Y no lo son porque nosotros mismos, nuestro espacio, nuestro tiempo, nuestros cuerpos, nuestras mentes, son de hecho limitados, y por lo tanto, cuando ponemos en contexto y perspectiva todos esos otros conceptos subjetivos sobre cuya escasez basamos nuestras interacciones, se convierten en ilimitados a la luz de nuestra propia finitud.
Así que no celebres el ruído como abandono a la inabarcable de lo inalcanzable. No te escondas tras el ruído como forma de escapar del inevitable vacío. Abraza tus propios límites, y trabaja para expandirlos. Florece en la incertidumbre, seguro de que lo externo no te podrá definir.
Me dirijo al lienzo, pero no es color con lo que quiero manchar tu blancura. Me giro hacia la pantalla blanca, pero no es luz lo que busco. Me enfrento a la página en blanco, pero las palabras no me ofrecen consuelo. Entonces mi piel cae en el marfil del piano.
Los dedos bajan resbalando por cada tecla. Caricias que no se quedará el aire.
La música ya sonaba en mi cabeza. El ritmo ya era seguido por mi corazón. Pero era mi piel la que necesitaba el roce. El roce que se convierte en música, color, luz, palabras… y nada de eso.
Estaban los de siempre. Los participantes en el debate (Pattie Astor, Fab Five Freddy, Lady Pink, y Lee Quinones), muchas viajes glorias y un par de chavales aspirantes a bomber que seguro llenaron de tags los muros esa noche.
Lo que comenzó como una celebración, recuerdo, y comunión, a medida que avanzaba la liturgia se convertía en una dolorosa reivindicación e incluso un ataque purista. Y así es exáctamente cómo La Cultura (como mercado y mercadeo, generando escasez artificial) con mayúsculas asimila el arte y otras formas de expresión.
Fue precioso escuchar de la misma gente que estuvo allí y lo hizo posible, cómo el apagón del ’77 de Nueva York permitió a los chavales “tomar prestados” equipos a los que de otro modo no hubiesen tenido acceso, lo que dio paso a a una oleada pura y savaje de expresión por parte de chavales que no tenían la influencia de una educación artística tradicional, lo que derivó en rap/hip-hop, break dance, y graffiti. Fue empoderamiento proveniente de una distribución accidental de herramientas de producción artística. Socialismo expresivo forzado.
El viaje pasó por los altos (Jean-Michel Basquiat, Futura2000, Keith Haring…) y bajos (el show de LA, amenazas, estigmatización…). Podría haber acabado ahí si hubiesen sido académicos de historia del arte. Pero no lo eran. Eran los protagonistas vivos y activos de un movimiento muy presente en la actualidad. Era una gran oportunidad para hablar del presente y futuro tras haber celebrado alegremente el pasado con endogámico entusiasmo.
Así que le pregunté a Freddy, Lee y Lady Pink su opinión. “¿Cómo el graffiti, street-art, posters, adhesivos, plantillas, LED throwies, etc se incluencian unos a otros y a dónde se dirige todo eso?”
Pattie cogió el micrófono cpn su voz rota de camionero y empezó a vociferar sobre cómo el Graffiti era un estilo, un movimiento, que no tenía nada que ver con plantillas, posters, y todo eso. Explicó cómo los que allí estaban sentados eran todos Artistas Post-Graffiti (le oí capitalizar la “A”, lo que me puso los no-pelos de punta) con estudios, no “street-artist” (de nuevo una reacción gélida a su tono despectivo).
Uniéndose a su enojado discurso, el resto afirmaron su punto de vista. “Han pasado años desde que he pintado en un muro”, “Tengo un estudio, expongo por todo el mundo, mis pinturas están en muchos museos”… Fue TAN trsite ver cómo reaccionaron. Todavían sienten el dolor, todavía sienten que necesitan defenderse y defender sus formas de expresión de los demás (pese a que los mismos tertulianos participaron en mesas redondas en el mismo museo en el ’98, ’02, y ’04). Eso es comprensible. Lo que era insoportable de ver es cómo El Sistema, encarnado por El Mundo del Arte, había de nuevo engullido y superado, no sólo asimilando arte, expresión, libertad, rebelión, y espontaneidad, sino también siendo asimilado a su vez por los mismos que una vez se burlaron de él.
Y cayeron con toda la fuerza, con la fuerza de la cerrazón reduccionista. Hasta el punto de que cuando se mencionó a Banksy, Lee dijo “lo siento Banksy, mosotros llegamos antes”.
Así que, héroes del pasado, os saludo por vuestro atrevimiento y contribución del pasado. Pero eso no os consigue mi respeto actual ni mi entusiasmo por el futuro. Seguiré buscando, y más convencido que nunca de que la energía del presente y la liz del futuro pueden estar en cualquier lugar, provenir de donde sea, pero definitivamente no de un Museo.
PD: Sí saco una maravillosa inspiración del evento, y de algunas recientes conversaciones y mensajes que he tenido que aguantar. Finalmente una definición de arte que me satisface. La mía. Para mí:
Arte es la expresión unidireccional de la realidad
[Actualización: una estupenda infografía sobre los orígenes del Street Art]
Tumbado en la alfombra, con un libro de poesía y un lápiz en la mano, U2 de fondo.
October (Octubre)
October (Octubre) And the trees are stripped bare (Y los árboles se quedan desnudos) Of all they wear (De todo lo que llevan) What do I care (Qué me importa)
October (Octubre) And kingdoms rise (Y reinos se alzan) And kingdoms fall (Y reinos caen) But you go on…and on… (Pero tú sigues… y sigues…)
Tantos sentidos literales: el miedo al desgaste (The Edge consideraba dejar la banda como su hermano hizo antes de que se llamaran U2), el falso sentido de seguridad que surge del derrotismo (“Qué me importa”), superar una pérdida (tanto Bono como Larry acababan de perder a sus madres), las elevadas esperanzas y expectativas que surgieron por las nuevas democracias en Europa del Este que se tornaron en desesperación y desengaño, y al final resistencia, supervivencia, continuar…
Añadiendo a eso el hecho de que la maleta de Bono fue robada con las letras completas, sólo pudo recordar esas líneas, y decidió dejarlo así, lo que de hecho es poética y coherentemente ilustrativo.
Y luego está el significado personal. Esta canción me habla, con su hechizador piano (la canción que me motivó para aprender un poquito de piano cuando era un crío), como estoy seguro que te habla a ti. Hoy. En octubre. Mi octubre.
Vertidos, como una rápida conversación unilateral, los mensajes siguieron entrando.
De fondo, música de un artista desconocido. Desconocido incluso para sí mismo. Añadiendo una banda sonora reggae-folk que sonaba, sin querer, trágica. Los riffs de guitarra camuflando los tonos de “nuevo mensaje”.
Pero la desesperación siguió acumulándose. Con cada mensaje superficial, una penetrante indicación de que la verdad estaba, todavía, siendo ocultada. Cada nueva línea, un recordatorio teletipado de lo poco que él importaba, de en lo opaco a la vez que transparente que se había convertido. O quizá siempre había sido invisible.
Mientras salía por la puerta, intentando dejar el dolor atrás, los mensajes siguieron entrando…
Después de leer “Desacreditando el Nuevo Mito de Putin” por Alexander Yanov, y con todos mis respetos y admiración por este reconocidísimo historiador de los nacionalismos rusos:
Aunque es bastante brillante y elocuente, creo que no es lo suficientemente incisivo y audaz desacreditando el último mito de Putin. Adopta un enfoque muy conservador, tal vez permitiendo que un bagaje e inclinación de filosofía occidental tradicional tomen la parte de la razón pura y la creencia, que normalmente se necesitan, en partes iguales, para combatir una disputa político / filosófica.
De los dos “contra argumentos” que Yanov hace de las ideas de Spengler, la primera es la sencilla y cómoda “tradición”. Que nunca ha sido un buen argumento para nada profundo. Se puede convencer a mucha gente, y puede parecer “sentido común”. Pero no hay mérito en ese argumento. De hecho, es peligrosamente engañosa, porque si se sigue hasta sus consecuencias más nefastas, conduce directamente desde Aristóteles hasta Hegel, y de Hegel a Kant, a un paso de Aynd Rand, y el Objetivismo lustroso pero mortal que parece envuelve todos los aspectos de la política en el mundo occidental.
El segundo, un enfoque mucho más interesante y bien documentado, se queda corto (tal vez por las limitaciones espacio-temporales) de las consecuencias que pretende. Claro, en el debate cultura-civilización, tal como es representado por Huntington, hay TANTO más que añadir y pulir que podría ser interminable, pero una omisión no implica una imposibilidad.
Personalmente, creo que Civilización tiene una significado de “organización / política al que Cultura no se refiere (que tiene más que ver con los logros subjetivos e individuales, aunque colectivamente considerados).
En cualquier caso ¿qué sabré yo?
Tengo muchas ganas de poder hablar sobre estos matices con él.
"El secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje" Tucídides
"The secret of Happiness is freedom, and the secret of freedom is courage" Tucydides
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